jueves, 2 de abril de 2026

Los Cuatro Evangelios

 

Por Iván Fernández Amil

En el siglo II, un obispo se sentó a leer decenas de textos sobre la vida de Jesús y tomó una decisión: solo cuatro serían válidos. Su argumento fue que en el mundo había cuatro vientos y cuatro puntos cardinales. Así nacieron los Evangelios. 

Si vas a la Biblia, notarás algo extraño: la vida de su protagonista se cuenta cuatro veces seguidas. Mateo, Marcos, Lucas y Juan. ¿Cuentan exactamente lo mismo? Sí y no. Son como cuatro testigos de un accidente de tráfico dando su propia versión de los hechos a la policía.

Durante los primeros años del cristianismo, Jesús no dejó nada escrito. Sus seguidores transmitían sus enseñanzas de forma oral, pero cuando los apóstoles empezaron a envejecer y morir, cundió el pánico. Necesitaban poner la historia por escrito antes de que se perdiera.

Aquí es donde surge el problema. No se escribió un solo libro, sino docenas de ellos. Cada comunidad cristiana repartida por el Mediterráneo tenía sus propios textos favoritos. Había evangelios de Pedro, de Tomás, de Felipe... y muchos de ellos decían cosas contradictorias.

A mediados del siglo II, la Iglesia se enfrentaba al caos. Un líder llamado Marción quería borrar todo y dejar un solo evangelio, pero otros grupos, como los gnósticos, no paraban de inventar evangelios nuevos y místicos. Había que poner orden rápidamente antes de una ruptura.

Fue Ireneo de Lyon, hacia el año 180, quien defendió con uñas y dientes que la iglesia debía aceptar exactamente un "Evangelio cuadriforme". Cuatro pilares, ni uno más, ni uno menos. Consideraba que Mateo, Marcos, Lucas y Juan eran los únicos conectados a los apóstoles.

Pero, ¿por qué estos cuatro son diferentes si hablan del mismo hombre? La respuesta es el marketing histórico. Cada evangelista escribió pensando en un "público objetivo" distinto, adaptando hábilmente el mensaje y el tono a la mentalidad y cultura de sus propios lectores.

Mateo escribió su evangelio pensando exclusivamente en los judíos. Por eso su texto está repleto de referencias al Antiguo Testamento y genealogías. Su objetivo principal era convencer a su pueblo de que Jesús no era un rebelde, sino el Mesías prometido por los antiguos profetas.

Marcos, en cambio, escribió para los romanos. Los romanos eran gente práctica, amaban la acción y odiaban la filosofía aburrida. Por eso, el evangelio de Marcos es el más corto, rápido y directo. En su texto, Jesús es un hombre de acción, un líder que no para quieto.

Lucas era un médico culto de origen griego, y escribió para los gentiles (los no judíos). Su evangelio es como una investigación periodística y habla de un Jesús compasivo, preocupado por los pobres, las mujeres y los marginados. Es el texto más universal y con mayor rigor.

Y luego está Juan. Su evangelio se escribió mucho más tarde y es pura poesía y filosofía. Ya no le interesan tanto los detalles biográficos ni contar milagros básicos. Juan escribe para teólogos y místicos, presentando a Jesús directamente como la mente de Dios hecha carne.

 

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